Podemos observar que el “TOP 3” de las competencias personales más valoradas en tiempos de crisis es:
- flexibilidad y adaptabilidad
- iniciativa, creatividad, proactividad
- optimismo y actitud positiva
En este trabajo de investigación estas encuestas han venido acompañadas de entrevistas personales en profundidad que han arrojado reflexiones que ayudan en la interpretación de estos resultados, y que incorporo en las siguientes líneas.
Lo más importante: Flexibilidad y adaptabilidad
La medalla de oro ha dio para las competencias emocionales de flexibilidad y adaptabilidad, y parece tener su sentido: la crisis obliga en muchos casos a reorganizar la empresa, reubicar directivos, y aumentar o disminuir funciones y responsabilidades. Algunos buenos directivos “se bloquean”, sientiéndose incapaces de trabajar bajo variables distintas a las que están acostumbrados: lo cual es una tragedia para el directivo, que es incapaz de rendir en la nueva situación, y para la propia empresa, que tiene que apuntar en el balance negativo del cambio a los directivos incapaces de adaptase a la nueva situación. No es extraño por tanto que las empresas del Ibex-35 valoren esta competencia como la que más –y esperan- de sus directivos.
Esta competencia emocional está muy relacionada con la capacidad de plantearse los problemas desde múltiples perspectivas, de no creerse en la posesión de la verdad en todo momento, y de escuchar y considerar las opiniones de los demás. Un Director General se quejaba de que la excesiva especialización funcional parecía dificultar el desarrollo de esta competencia, mientras que los directivos que han pasado por varios puestos y tienen una experiencia más transversal, tienen mayor facilidad para la adaptación a nuevas circunstancias y retos.
La importancia de esta competencia emocional no es nueva, aunque se ha descrito con otras palabras: ya hace más de veinte años, uno de los más reputados teóricos sobre Estrategia, Michael J.Kami- del que Peter Drucker afirmaba que era de los estrategas más brillantes que conocía- decía: “la adaptación al cambio requiere de un estilo gerencial diferente: rápido, fluido, flexible”. Y continuaba: “flexible: rechazo de las políticas rígidas, de las reglas absolutas, de los manuales de prácticas estándar, y la aceptación de las nuevas condiciones, nuevas costumbres, del nuevo comportamiento, sin sufrir un trauma emocional”.
La importancia de la iniciativa
La iniciativa, creatividad y proactividad aparecen como la segunda competencia emocional en importancia, según esta encuesta. Dicen los psicólogos que el ser humano reacciona frente al peligro, de forma instintiva, de dos maneras; o se paraliza, o huye. El peligro para el directivo está representado no solo por la crisis, sino especialmente por la incertidumbre.
Nadie sabe exactamente qué ha provocado la crisis, ni su duración, ni sus implicaciones. Ante este peligro real, percibido y concretado en su caso personal, el directivo puede optar por huir, es decir darle la espalda a la realidad, negarla, como si no pasara nada y la crisis no fuera con él. “No podemos hacer nada, no depende de nosotros”. “Esta es una crisis externa, sobre el que no tenemos capacidad de actuación”, son algunas frases que definen esta postura de huida.
También el directivo puede quedarse paralizado por el miedo, abrumado ante la que se le viene encima – como la pobre esposa de Lot que se convierte en una estatua de sal cuando se vuelve y ve la destrucción de Sodoma y Gomorra-, sintiéndose indefenso y sin recursos para afrontar la situación. Es la parálisis. El directivo queda anulado, en situación de encefalograma plano.
¡Qué pocos directivos tienen un comportamiento de proactividad e iniciativa en estos casos! Es en este momento en el que las empresas buscan respuestas de sus directivos… que muchas veces no encuentran.
Esto se hace particularmente evidente cuando los planes de acción a corto plazo, a los que todas las empresas recurren, se han puesto ya en práctica: reducción de costes, subcontratación de actividades, aumentos de productividad, despidos, variabilización de costes fijos, etc. Una vez realizado lo evidente, las empresas preguntan: ¿qué nuevos productos y servicios podemos crear? ¿Cómo satisfacer las demandas de un nuevo consumidor que carece de recursos económicos? ¿Qué posicionamiento de mercado adoptamos distinto de la mera reducción de precios? ¿Qué innovaciones debemos introducir en productos, servicios, procesos o modelos de negocio? Es aquí donde la competencia emocional de “iniciativa” tiene particular relevancia.
Optimismo y actitud positiva
Es la tercera competencia emocional personal en importancia. Uno se podría preguntar ¿tanta importancia puede tener este aspecto en un directivo en tiempos de crisis? Por intuición y experiencia, muchos directivos saben que un directivo con la responsabilidad de ser agente del cambio, no puede tener éxito sin una actitud positiva, es decir sin ese empuje y tenacidad- aderezado con cierta alegría y optimismo en el futuro- que tanto hace falta para llevar a cabo acciones difíciles.
No se trata de un atolondramiento en el hacer, ni de una hueca esperanza en “nuevos brotes” que nos solucionen los problemas de afuera hacia adentro: sino de un convencimiento íntimo de que existen soluciones si se buscan con suficiente ahínco y creatividad, de que las personas pueden dar más de sí mismos si se les sabe motivar y animar.
La psicología ha demostrado que una persona optimista abre perspectivas, genera confianza, encuentra más soluciones y genera más resultados, que la persona con una actitud pesimista o derrotista. Las emociones contagian, y un jefe superior sin una actitud positiva, es capaz de debilitar el entorno empresarial, hacia arriba, hacia los subordinados, y hacia sus compañeros: cohibiendo las iniciativas, desechando ideas, y generando un efecto en espiral que afectará el devenir del área bajo su responsabilidad.
Un directivo optimista tiene un motor interno que le hace relativamente inmune al derrotismo y a la crisis del entorno, y tiende a enfocar las crisis como oportunidades en lugar de cataclismos.
A modo de resumen
Nos hemos preguntado si en la crisis actual, las empresas estamos utilizando todas las palancas de gestión a nuestro alcance. Aunque es evidente que cualquier empresario al ser preguntado sobre los recursos que tiene para superar la crisis, afirma siempre que el talento directivo es clave, sin embargo en la práctica no se sabe exactamente cómo utilizarlo.
La teoría de la inteligencia emocional nos proporciona algunas claves, cuando afirma que aquellos directivos que son fuertes en ciertas competencias emocionales, pueden multiplicar (que no es lo mismo que sustituir) el valor de los elementos más tangibles como conocimientos académicos, técnicos o experiencia. Si pudiéramos identificar qué competencias emocionales son especialmente útiles en tiempos de crisis, y poder desarrollarlos en nuestros directivos, dispondríamos de una palanca de gestión –actualmente invisible y por tanto no aprovechada- que podría ayudarnos a superar la crisis con mayor rapidez.
Basándonos en una encuesta realizada a empresas del Ibex-35 entre mayo y julio del 2008, en el contexto de un trabajo de investigación, en que se les pedía a estas empresas que priorizaran las competencias emocionales que demandan especialmente en este tiempo de crisis, hemos expuesto y analizado las tres competencias emocionales de tipo personal más destacadas y que han resultado ser, por este orden: flexibilidad, iniciativa y actitud positiva.
Con esta breve exposición, las empresas españolas de gran tamaño podrían preguntarse: ¿nuestros directivos poseen estas competencias emocionales en un alto grado- el que exige la crisis actual-? ¿Cómo lo podemos detectar y medir? ¿Cómo podemos desarrollar y potenciar estas competencias emocionales?
Queda pendiente también exponer qué competencias emocionales sociales aparecen como críticas, en opinión de las empresas del Ibex-35 encuestadas. Y analizar estas respuestas a la luz de la estrategia y de la gestión del cambio.
Estos temas, por extensión y complejidad, no pueden ser analizadas en un solo artículo, pero prometemos abordarlo en próximos artículos.
Este artículo se publicó originalmente en el número de febrero 2010 de la revista
Strategia de AESPLAN.
Bibliografía
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