Carta del Presidente

Bolonia: luces y sombras



Manuel Acero
Miércoles, 8 de Julio 2009

Bolonia:  luces y sombras
El largo proceso de Bolonia parece no tener fin. Primero fue la definición del mismo estableciendo los diferentes niveles de Grado, Máster y Doctor con la concreción de los créditos aplicables a cada uno de ellos. Junto con lo anterior, su definición para el mundo de la ingeniería, las distintas denominaciones para los títulos de cada nivel y las atribuciones correspondientes (es decir, las capacidades de ejercicio profesional aplicables a Grado y Máster respectivamente).

Éste y otros muchos temas han ido concretándose con resultados que, a la luz de los negros planteamientos iniciales, podemos calificar, ahora, de positivos.

Con esta sensación se inició hace pocos meses el proceso de implantación de todo lo que tanto costó regular. Y aquí se ha planteado una nueva situación. Al orden que parecía derivarse del Acuerdo del Consejo de Ministros de Enero de 2009 y de las Órdenes Ministeriales de Febrero 2009, se han contrapuesto diversas iniciativas que intentan modificar o, como mínimo, distorsionar lo que a nuestro juicio ya está regulado con claro detrimento de la calidad de nuestra formación futura en ingeniería.

¿Más especialidades?

Como primer ejemplo, cabe citar la propuesta que, sin un soporte reconocido formalmente, circula por algunos ámbitos universitarios y que se concreta en planes específicos en algún centro, de incorporar más de una especialidad a los títulos de Grado. Para quien no esté familiarizado con el tema es preciso primero revisar como están conformados los estudios de Grado. Estos constan de 240 Créditos ECTS (los créditos definidos en el Espacio Europeo de Educación Superior, EEES, de los que 60 corresponden a un año de estudios). El primer año es formación básica, el segundo es común en cada rama para todas las especialidades, el tercero destina 48 créditos a la formación en la tecnología específica que define el título correspondiente mientras que los 12 restantes en el año se aplican al Trabajo Fin de Grado. Quedan, por tanto, 60 créditos que son de uso exclusivo de la universidad. Y aquí aparece el problema. En algún caso se ha planteado la posibilidad de utilizar esos créditos para dar formación en otra tecnología específica, generando así un Grado con dos especialidades.

Los que desde la ingeniería superior hemos participado desde el principio en el proceso, siempre hemos tenido claro que los tan traídos 60 créditos permitían a cada centro dar un tratamiento particular a la formación de los alumnos en la tecnología específica correspondiente. Por ejemplo, un Graduado en Ingeniería Mecánica recibiría en esos 60 Créditos los complementos de mejor formación, según el centro correspondiente, para el titulado en esa especialidad, la Mecánica.

Si en vez de ello, pongamos por caso, se le formase en otra tecnología, por ejemplo, la eléctrica, se producen agravios comparativos que hacen patente la inconsistencia de este nuevo planteamiento, porque mientras que el Graduado en una única especialidad ha dedicado dos años a la misma, el segundo sólo lo ha hecho en un año para cada una de las dos cursadas. En esta situación ¿cómo podría compararse un ingeniero del primer caso con un ingeniero del segundo en la especialidad común? Más aún, ¿no debería tener mayores atribuciones en su área de competencia el que ha estudiado dos años de formación específica con respecto al que sólo ha dedicado uno?. El ingeniero de una sola especialidad calificaría como fraude un hecho de estas características y así lo ha calificado ante el que esto escribe un alto cargo del Ministerio de Educación.

¿Formación sin garantías?

Otro aspecto altamente preocupante es el profesorado que va a impartir los nuevos títulos. Parece inapelable que estos profesores tengan, cuando menos, una cualificación del mismo nivel que el que corresponde a los títulos sobre los que van a formar. Sin embargo, aparecen iniciativas en las que se plantea un continuismo, que no respeta la consideración anterior, lo que augura una formación sin las garantías debidas. Quede claro que no se trata de prescindir de nadie, sino de que, en aquellos casos en que sea necesario, se obtenga la formación adicional necesaria para poder enseñar en niveles superiores ofreciendo todo tipo de facilidades para la obtención de dicha cualificación.

Hay bastantes temas más que oportunamente iremos comentando. Ahora de lo que se trata es de hacer patente que estamos ante un momento crítico en el que lo hecho hasta hoy puede ser desvirtuado gravemente.

Bolonia es una posibilidad clara de crear un futuro positivo para nuestra formación en ingeniería, pero aún queda mucho camino por recorrer y es totalmente necesario que primen los intereses sociales y de calidad sobre otros más próximos a intereses particulares.

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