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La enseñanza de la ingeniería en España: ¿nuevos principios, nuevos criterios?



Manuel Acero
Miércoles, 5 de Octubre 2011

La enseñanza de la ingeniería en España: ¿nuevos principios, nuevos criterios?
Seguimos avanzando en el intenso cambio legislativo generado alrededor de la formación de nuestros futuros profesionales. El cambio auspiciado por los acuerdos de Bolonia ha continuado al hilo de sucesivas directrices comunitarias aplicables a nuestro país.

Han transcurrido alrededor de ocho años sumergidos en este aluvión de propuestas, críticas y en definitiva todo tipo de posicionamientos. Mi visión personal después de todos estos años es que Bolonia sigue siendo mal entendida y, en bastantes casos, peor aplicada.

Aún así si se reorientan las dispersas y muy distintas iniciativas entre unos y otros centros de formación universitarios, Bolonia debiera ofrecer una formación más acorde con los tiempos y suponer por tanto un avance en el nivel y calidad de la enseñanza.

La educación en España desde Primaria hasta los más altos niveles de preparación universitaria ha estado sometida históricamente a un permanente cambio, lo que ha producido una evidente falta de digestión y desarrollo en los planes de estudio y en definitiva se concreta en una rémora en algunos casos grave, de adaptación de los diversos planes. Dicho esto en términos generales. Precisamente la calidad mantenida por unos centros contrasta con el deterioro de otros.

Un aspecto fundamental es la orientación última que asume cada Centro con respecto a sus alumnos. Como ya Platón estableció en su famosa Academia, al alumno no se le pretende transmitir datos, números, fórmulas, etc., como la base de su preparación sino que se busca formarle en su capacidad para priorizar, elegir, sustituir, etc., en definitiva, para razonar ante cualquier situación a la que pueda enfrentarse. Para ello se le debe impartir una muy sólida y completa formación básica que le permita discriminar con criterio unas opciones de otras y también acometer procesos creativos con una capacidad incorporada que, en cualquier caso, es la herramienta para ejercer con plena capacidad su ingenio personal desarrollado en su estancia en las Escuelas, en nuestro caso de Ingeniería. Estamos hablando de profesionales con conocimiento, no de meros succionadores de datos sin entrar en su significado y en su potencial aplicación.

Lamentablemente, es frecuente leer en los medios de comunicación y en bastantes publicaciones demandas a favor de reducir años de formación para algunas titulaciones, o asimilar, sin el debido esfuerzo adicional, estudios de menor duración y menor exigencia académica con otros superiores. Desde la Ingeniería no rechazamos estos planteamientos por motivos estrictamente interesados. Lo que defendemos, esencialmente, es la formación completa y de calidad por encima del tiempo que demande. Defendemos igualmente el esfuerzo que conlleva una preparación exigente y completa impartida a lo largo de los años necesarios, sin recortes ni rebajas.

Más años de estudio son en principio una garantía de mayor capacidad y conocimiento y de hecho así lo reflejan todos los países y sus empresas cuando emplean en mayor número y retribuyen en mayor grado a aquellos que se han preparado, no sin un esfuerzo continuado de varios años, para dar cumplida respuesta a las necesidades de sus conciudadanos.

La conclusión más trascedente que se deriva de los comentarios anteriores es que nuestro sistema educativo tiene, inexorablemente, que promover la motivación y el esfuerzo y eliminar tajantemente cualquier forma de acceso a titulaciones superiores que no venga avalada por el esfuerzo complementario correspondiente. Y aquí un último apunte: conocimiento y experiencia no tienen nada en común. El conocimiento se transmite, no se adquiere a través de la experiencia y por ello nunca debiera de sustituirse un concepto por otro.

Apoyemos y defendamos un sistema integral de formación que se base en las premisas anteriores. Con ello tendremos profesionales conscientes de su responsabilidad, motivados por el conocimiento adquirido a través del esfuerzo y vocacionalmente orientados al servicio de la Sociedad.





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