El
concepto de "qawâma" (1ª parte)
Traducido
por Ndeye Andújar
Fuente:
taharmahdi.com | Tahar Mahdi
Fue en
Medina cuando fueron revelados los versículos de la qawâma de los
hombres sobre las mujeres. Y fue al comprender su verdadero sentido como la
mujer pudo vivir libre e independiente de todo lo que le abrumaba de las
costumbres heredadas de la era antiislámica, llamada la ÿâhiliyya".
Su papel se extendió a todos los ámbitos de la vida activa, no solamente
familiar, sino también social y política. Los compañeros conocían perfectamente
el sentido de qawâma sin que eso les llevara a impedir a las mujeres a que
participaran de manera activa. A través del estudio de los acontecimientos
sociales y el análisis del comportamiento de las mujeres, observamos que éstas
gozaban de una incontestable libertad. De hecho era una libertad real y no
teórica, por lo que las mujeres musulmanas no sintieron jamás la necesidad de
reivindicarla con fuerza como les ocurrió para otros derechos.
En los
versículos de la qawâma el Corán incluyó la igualdad de las mujeres a
los hombres. Incluso hizo que la igualdad adelantara a la qawâma, para
mostrar con ello que la qawâma no puede, en ningún caso, usurpar la
igualdad entre los dos sexos, ni disimularla y menos aún suprimirla. En todo
caso los dos conceptos no son antinómicos. El Corán menciona esta igualdad de
manera explícita, cuando habla de la familia y de sus problemas, sin dejar
ninguna duda para los que se creen superiores a las mujeres. El Corán dice: Las divorciadas
deberán esperar, sin volver a casarse, un período de tres menstruaciones: pues
no es lícito que oculten lo que Dios ha creado en su seno, si creen en Dios y
en el Último Día. Y sus maridos tienen pleno derecho a tomarlas de nuevo
durante ese período, si desean la reconciliación; pero, en justicia, los
derechos de las mujeres [con respecto a sus maridos] son iguales que los
derechos de estos con respecto a ellas, si bien los hombres tienen prioridad
[a este respecto]. Y Dios es poderoso, sabio. (La
Vaca, 228).
Pero ya en la sura "Las Mujeres" encontramos la explicación de
ese famoso grado reservado a los hombres sobre las mujeres dispuesto en el
conjunto de las cuestiones relacionadas con la familia, la herencia y los
derechos y deberes de la pareja. Incluso se habla de un acto inviolable
establecido entre el hombre y la mujer. En cuanto a la qawâma, está
mencionada a continuación de todas las cuestiones que acabamos de mencionar.
Dicho sea de paso la qawâma se evoca de manera secundaria. Eso significa
un recuerdo al hombre sobre la importancia de su responsabilidad hacia las
mujeres en general y hacia su mujer especialmente. Por coherencia con el
principio igualitario, el privilegio está totalmente descartado, al contrario
de lo que piensan los hombres en todas las sociedades humanas. Los versículos
que hacen referencia a este tema hablan de una distribución de papeles equitable
entre el hombre y la mujer tomando como único juez el esfuerzo y el cuidado del
trabajo hecho, es decir, la utilidad y la productividad (no solamente en el
sentido material de la palabra). Podemos leer: "Así
pues, no codiciéis aquello que Dios ha concedido en mayor abundancia a unos que
a otros. Los hombres obtendrán una recompensa conforme a sus méritos
y la mujeres obtendrán una recompensa conforme a sus méritos. Pedid,
pues, a Dios [que os dé] de Su favor: ciertamente, Dios tiene en verdad conocimiento
de todas las cosas.
Hemos
designado para cada uno herederos de lo que deje: los padres, los parientes
cercanos y aquellos unidos a vosotros por juramento. Dadles, pues, su parte.
Ciertamente, Dios es en verdad testigo de todas las cosas.
Los hombres son responsables (qawwâmûna) del cuidado de las mujeres en virtud de lo que Dios
les ha concedido en mayor abundancia a ellos que a ellas, y de lo que
ellos gastan de sus bienes." (Las Mujeres, 32-34).
Pensamos que la qawâma concedida al hombre, no lo es
porque sea de sexo masculino, sino solamente en función de los medios que
posee: como la capacidad tanto física como material. Lo que quiere decir que si
esta capacidad recae en una pareja en la mujer, ella debe ejercer esa famosa qawâma.
Así pues, no hay ninguna exclusividad masculina al respecto.
’Abd
Allah Ibn ’Abbâs comprendió el precepto, y expresó su discernimiento de una
manera muy sencilla, pero muy significativa en su comentario del versículo:
"los
derechos de las mujeres [con respecto a sus maridos] son iguales que los
derechos de estos con respecto a ellas», me
pongo guapo para mi mujer - decía – al igual que me gusta que se ponga guapa
para mí». De hecho, el hombre normal debe sentir la necesidad de ser
agradable físicamente para su mujer, así como ver a su mujer agradable. Se
trata de la naturaleza sana de los hombres y las mujeres. Ya que la necesidad
de agradar al otro, de gustarle es espontáneo. Fue por eso por lo que el
Profeta dijo: « Dios es bello, El ama la belleza" (Muslim, imân,
131).
La
caractéristica general de los musulmanes, antes de la época de decadencias
comunitaria musulmana, era esa conducta verídica y esa mirada espontánea. Y fue
durante esa decadencia cuando resurgieron todas las tradiciones ancestrales y
las costumbres antiislámicas. El hombre padeció un problema de memoria, de
identidad civilizadora y de gusto por la vida, perdió el equilibrio y se ensañó
contra la mujer para transformar su vida en un calvario y una inquisición casi
diaria.
En
cuanto a la qawâma, sólo se inscribe en el ámbito de una responsabilidad
de naturaleza diferente de la de la mujer y para nada se trata de un privilegio
atribuido al sexo masculino. Pero al no querer Dios transformar esta qawâma
en un despotismo y una tiranía, estableció la consulta con la otra parte como
principio fundamental para el buen funcionamiento de la qawâma. Hoy por
hoy no hay ninguna interpretación controvertida, ni ninguna constatación
apresurada, sino una concepción basada según las reglas ineludibles del derecho
conyugal musulmán, que son autoridad para los especialistas.
De
hecho, la consulta o shûrâ es la base fundadora de la cohesión en la
pareja, ya que el Corán establece que es uno de los principios inmutables de la
sociedad civil, lo que se incorpora perfectamente a la finalidad democrática.
En consecuencia es más importante en el seno de la familia ya que constituye la
primera célula de la sociedad humana. Por eso el Corán quiere que las
cuestiones conyugales sean gestionadas por la pareja a la luz de una consulta
constante e inviolable. Los textos establecen la consulta como una de las
cualidades del musulmán que se puede comparar totalmente a la piedad, la
nobleza, el temor de Dios, la tolerancia, la instauración de la salat y la
paciencia. Dice: "los
que evitan los pecados más graves y las abominaciones; y que cuando se enfadan,
perdonan inmediatamente; y que responden a [la llamada de] su Sustentador y son
constantes en la oración; y que tienen por norma consultarse entre sí
[en todos los asuntos de interés común]; y que gastan en los demás de lo que
les damos como sustento; y que, cuando son víctimas de la tiranía, se
defienden." (La Consulta, 37-39).
El
miedo sólo desaparece de la vida cotidiana familiar con la consulta en el
interior de la familia. Así la esposa ya no temerá a su esposo, la hermana ya
no temerá a su hermano, el más joven no temerá al más mayor, etc. De esta
manera, habrá un clima de entendimiento y de paz familiar tan esperados, para
llegar al fin a una democratización familiar. Insistimos en el hecho de que la
familia es la primera célula social, si está sana toda la sociedad lo está
también, sino todo se vendrá abajo como un castillo de naipes. También debemos
tener en cuenta que la familia es la primera escuela del hombre. La madre concretamente,
ya que es ella la primera que contribuye a la educación del niño, es decir, de
las generaciones futuras, en consecuencia, su huella marcará para siempre el
futuro de toda la humanidad. Es por eso por lo que el Corán hace hincapié en la
mujer. Ha legislado para ella mucho más que para el hombre. Quizás en relación
a lo que cada uno lleva a cabo y nunca en relación a la masculinidad o la
feminidad.
También
cabe destacar que el Corán quiere que la familia sea administrada con
mansedumbre, gratitud, amor, respeto, consulta y no con un conjunto de leyes
fabricadas por el hombre con cualquier "pieza", allí donde siempre
actúa la mano del macho dominante. Ya que con la ley no se puede crear la
estabilidad en la familia, en cambio con la educación todo es posible desde el
momento en que tomamos en cuenta los valores morales y humanos.
En el
caso más sensible y más delicado de la vida marital, el Corán recomienda la
consulta como medio para el acuerdo. De hecho según el Corán, cuando un recién
nacido llega al mundo, se debe amamantar al bebé sin que por ello haya
imposición alguna. Si la madre desea hacerlo, debe estar convencida y debe
tener voluntad para hacerlo. Sino el marido debe pagar a una nodriza para su
hijo. Es cierto que es mejor que la madre dé el pecho, pero no hay ningún
imperativo al respecto. El versículo especifica:
“Y las madres
amamantarán a sus hijos dos años enteros, si desean completar la lactancia” (la
vaca, 233).
En
cuanto a la qawâma del hombre en el ámbito familiar, es necesario tener
en cuenta varios puntos:
1-La
convivencia total con la esposa y la fidelidad inviolable hacia ella. El
esposo no tiene derecho a dejarla sola durante mucho tiempo, ni a ausentarse
incesantemente, incluso si son ausencias cortas. Y aún menos abandonarla sola
en el domicilio conyugal para ocuparse de otra cosa ya que no hay nada que
merezca dedicar más tiempo que ocuparse de su propia mujer; a menos que la
ausencia tenga un motivo válido para su mujer. Sino la mujer tiene derecho a
considerarse como abandonada. Por ese motivo puede pedir el divorcio a las
autoridades competentes. Teniendo en cuenta que el propio marido o alguien a
través de su familia le dará una pensión suficiente. El derecho conyugal es
claro sobre este tema, ya que no le permite al esposo liberarse de la
convivencia y la fidelidad so pretexto de que asume el mantenimiento de la
pareja. Pasa lo mismo en el caso de que el marido esté en prisión. En ese
momento se discute simplemente sobre el tiempo de encarcelamiento. De hecho,
entre 2 y 5 años después, la esposa tiene derecho a pedir el divorcio. He aquí
un derecho conyugal prescrito que no se les dice nunca a las mujeres en tierra
de Islam.
2-Ocuparse
de ella constantemente, satisfacer sus necesidades: el
esposo debe satisfacer legalemente a su compañera sexualmente. Es un deber
conyugal que no es posible escamotear. El derecho conyugal exige que el esposo
no incite a su mujer a quejarse de él, sino deberá rendir cuentas ante las
instancias competentes en la materia. Si se obstina a seguir con esa actitud se
toma acta de las quejas de la esposa y se pronuncia el divorcio a favor suyo.
El Corán obliga al esposo a la fidelidad absoluta: "Convivid castamente
con ellas apartándoos del desenfreno." (Las Mujeres, 19),
lo que significa explícitamente que el musulmán casado sólo debe mantener
relaciones carnales con su mujer. De otra manera será castigado con un castigo
apropiado y su mujer tiene derecho a divorciarse si lo desea. Si bien los
sabios proclaman que el adulterio es un crimen que ha de tener un castigo, la
fidelidad es un deber meritorio. Si el esposo ha llegado a un acuerdo con su
mujer sobre el hecho de no casarse con otras mujeres, debe respetar su
compromiso y en los países en los que la poligamia está prohibida debe
abstenerse totalmente, incluso si la convivencia clandestina con varias mujeres
está tolerada ya que se trata de una forma ilegal de poligamia. Cuando el
Profeta (saw) se casó con la noble Jadiÿa, le fue fiel hasta su muerte. Exigió
la misma promesa de ’Alî cuando se casó con su honorable hija Fâtima.
3-También
debe abstenerse de cualquier maltrato, de cualquier maltrato de negligencia, ignorancia o
insolencia hacia su mujer. Los golpes, los insultos e incluso las miradas
irónicas están prohibidas en el derecho musulmán. El Profeta (saw) dijo al
respecto: "Los mejores de vosotros no pegan, no insultan y no abandonan
a sus mujeres" (Abû Dâwûd, nikâh 1840). Incluso en caso
de falta de respeto por parte de la mujer sobre los compromisos hacia su
marido, se recomienda tratarla con humanidad, e intentar que cambie con buenas
acciones, sobre todo con regalos. Con respecto a esto el Corán dice: "Tales
son las leyes de Dios no las transgredáis. Los que transgreden las leyes de
Dios son injustos" (La Vaca, 229).
4-El respeto de su familia
política es ineludible, ya que todo lo que puede hacer feliz a su mujer debe hacerse.
Concretamente, tiene derecho a visitar a sus padres y a su familia de
parentesco prohibido, así como recibirles en su casa incluso con la oposición
de su esposo. Sin embargo, si el esposo teme malas influencias en la pareja por
parte de las personas autorizadas a visitar el domicilio conyugal, éste tiene
derecho a asistir o a que alguien asista en su lugar. El enclaustramiento está
absolutamente prohibido en el derecho conyugal musulmán, excepto si las
autoridades competentes lo decidiesen para uno de los dos esposos y para el
bien de la pareja.